La seguridad en los regímenes de propiedad en condominio en México ha dejado de ser un servicio complementario para convertirse en el eje central de la administración inmobiliaria. En un contexto donde la percepción de inseguridad ciudadana alcanza niveles críticos, situándose en un 63% a nivel nacional según los indicadores más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la gestión de la vigilancia privada enfrenta retos estructurales que van más allá de la simple vigilancia física. El modelo tradicional basado exclusivamente en el factor humano, representado por el guardia en caseta, está experimentando una erosión de confianza debido a una serie de comportamientos sistémicos conocidos como "mañas" y "vicios". Estos fenómenos, que incluyen desde la discrecionalidad en los accesos hasta la colusión en actos ilícitos, no son incidentes aislados, sino el resultado de procesos de diseño deficiente, falta de capacitación y una precarización laboral que afecta a más de 500,000 elementos de seguridad en el país.
El presente informe analiza exhaustivamente la anatomía de estos vicios operativos, las razones por las cuales las comunidades residenciales están transitando hacia sistemas de control de acceso digital y cómo la integración de tecnología avanzada, como la ofrecida por ComunidadFeliz, permite no solo mitigar riesgos, sino también profesionalizar la gestión administrativa y financiera de los condominios. La transición hacia un modelo de "protocolo verificable" busca sustituir el "favor" y la "subjetividad" por la trazabilidad total, garantizando que la seguridad sea un activo tangible para los residentes y no una vulnerabilidad latente.
La dinámica de los fraccionamientos y edificios en México es un desafío de 24 horas continuas que demanda una supervisión constante y especializada. El incremento de la demanda de seguridad privada, que ha crecido un 14% recientemente, responde a la necesidad de proteger propiedades en nuevas zonas residenciales y comerciales donde los residentes buscan blindarse ante el aumento de delitos de alto impacto. Sin embargo, este crecimiento ha sido asimétrico; mientras la demanda sube, la calidad de la oferta se ve comprometida por una industria que sufre una rotación anual de personal de entre el 70% y el 80%. Esta inestabilidad es el caldo de cultivo ideal para el desarrollo de mañas operativas.
El concepto de "maña" en la vigilancia privada se refiere a la habilidad deformada del personal para evadir protocolos con el fin de reducir su esfuerzo o bien para obtener beneficios personales. Por otro lado, los "vicios" implican una degradación moral y profesional que conduce a la corrupción, como la aceptación de "moches" o sobornos para permitir ingresos no autorizados. El impacto de estos comportamientos es profundo: cuando un guardia permite el acceso a un desconocido sin registrarlo o comparte datos de contacto de los residentes, está vulnerando la seguridad de toda la comunidad.
La crisis de los guardias se manifiesta cuando el personal nunca termina de conocer a los vecinos debido a la alta rotación, lo que aumenta exponencialmente el riesgo de errores en la identificación y la posibilidad de que criminales utilicen técnicas como el tailgating (entrar pegado al vehículo de un vecino) o la suplantación de repartidores para ingresar a las instalaciones.
Para erradicar los vicios en la vigilancia, es necesario primero catalogarlos y comprender su origen. El análisis de las fallas más comunes revela que la mayoría ocurren en el punto de acceso, que es la zona más vulnerable de cualquier residencial. Aquí, la falta de una bitácora digital permite que el guardia actúe bajo su propio criterio, ignorando las reglas establecidas por la asamblea de condóminos.
Las fallas frecuentes del personal de vigilancia no siempre tienen un trasfondo malicioso, pero sus consecuencias son igualmente graves. La tardanza en el registro de visitantes genera estrés e incomodidad, lo que a menudo lleva al guardia a "agilizar" el proceso omitiendo pasos críticos de seguridad, como la validación de identificaciones o la llamada de confirmación al residente. Esta necesidad de evitar filas en la caseta se convierte en una maña donde se prioriza la fluidez sobre la protección.
Otra falla crítica es la omisión de puntos de revisión durante los rondines. Algunos guardias reportan en falso que realizaron el recorrido por todas las zonas definidas cuando en realidad permanecieron en la caseta. Esta falta de vigilancia efectiva permite que ocurran incidentes en áreas comunes que se consideran "protegidas" pero que en realidad están desatendidas. Asimismo, la falta de orden en los reportes físicos y la carencia de un historial digital dificultan cualquier intento de auditoría por parte del comité de vigilancia o la administración.
El nivel más peligroso de deterioro operativo se encuentra en la corrupción activa. El uso de reglas ambiguas permite que los guardias tomen decisiones basadas en criterios personales, lo que abre la puerta a los "moches", atajos y favores. La existencia de estos pagos irregulares para permitir el acceso de personal no autorizado o para saltarse protocolos de mudanzas o proveedores es una realidad documentada en muchos condominios de alta densidad.
Casos más extremos incluyen la colusión con la delincuencia. Se han registrado incidentes donde guardias de seguridad privada han facilitado robos a las instalaciones que supuestamente protegen, bajo amenazas reales o supuestas, o simplemente por beneficio económico. Además, el personal de empresas no reguladas suele carecer de filtros de antecedentes penales, lo que permite que individuos con conductas irregulares se infiltren en las comunidades bajo el uniforme de vigilantes.
El deterioro de la confianza es un proceso progresivo. Un residente que observa a un guardia aceptando un favor o ignorando un protocolo pierde el incentivo para cumplir con sus propias obligaciones, como el pago de las cuotas de mantenimiento, lo que genera un círculo vicioso de desorden administrativo.
Un factor determinante en la proliferación de vicios es la contratación de empresas de seguridad falsas o "patito". Se estima que en el Estado de México operan hasta 800 empresas de manera irregular, dominando el 60% del mercado debido a sus precios bajos. Estas empresas representan una competencia desleal para las organizaciones establecidas y certificadas, pero su mayor peligro reside en la total falta de control sobre su personal y procesos.
Las empresas "patito" suelen carecer de domicilio fiscal real y no cuentan con los permisos necesarios ante la Dirección General de Seguridad Privada (DGSP) federal o estatal. Al no estar registradas, no son sujetas a supervisión gubernamental, lo que les permite violar normas laborales básicas:
Para los condominios, el ahorro aparente al contratar estas empresas se traduce en un riesgo legal inmenso. En caso de un incidente grave, como una agresión o un robo donde el guardia esté involucrado, la administración y el comité de vigilancia pueden ser considerados responsables solidarios por no haber verificado la legalidad del prestador de servicios. Es imperativo que las comunidades comprueben que la empresa esté registrada en los padrones correspondientes y que cuente con fianza de fidelidad y seguro de responsabilidad civil.
El personal operativo de una empresa formal debe estar inscrito en el Registro Nacional del Personal de Seguridad Pública y haber acreditado capacitaciones específicas en las modalidades en las que prestan el servicio. En estados como Puebla o Jalisco, se están impulsando reformas para profesionalizar el mercado y establecer padrones públicos verificables de empresas y guardias, buscando disminuir las "zonas grises" donde se diluyen las responsabilidades ante abusos. La capacitación constante en protocolos de reacción y el uso de infraestructura tecnológica integrada son los diferenciadores clave de una empresa de seguridad profesional.
Un punto de fricción constante en los condominios y fraccionamientos con acceso controlado es la legalidad de las restricciones impuestas en la entrada. En México, el derecho al libre tránsito es una garantía constitucional, y la seguridad privada tiene prohibido actuar en la vía pública, ya que esta facultad es exclusiva de las instituciones de seguridad pública.
Muchas asociaciones de colonos instalan módulos de vigilancia y barreras metálicas sobre calles que legalmente son vías públicas. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y diversas autoridades locales han determinado que el personal de seguridad privada carece de facultades para impedir el libre acceso a ciudadanos en general cuando se trata de vialidades municipales. En casos donde se detecta un cierre irregular de vialidades, las autoridades pueden ordenar la demolición de las casetas y el retiro de las plumas eléctricas.
Sin embargo, en el régimen de propiedad en condominio, las áreas internas son propiedad privada proindiviso de los condóminos. Aquí, la administración tiene el derecho y la obligación de regular el acceso para mantener la seguridad y estabilidad del conjunto. La clave legal reside en:
El administrador tiene la representación legal de los condóminos y es responsable de vigilar que los servicios comunes, incluida la seguridad, funcionen de manera eficaz. Por otro lado, el personal de seguridad privada debe limitarse al cuidado y protección de los bienes y personas dentro del inmueble, colaborando con las autoridades cuando sea necesario pero sin usurpar funciones policiales. Un error común es que los guardias retengan identificaciones oficiales (como el INE) como condición para el ingreso; legalmente, esto puede considerarse una extralimitación de funciones, por lo que se recomienda el uso de sistemas de registro digital que solo requieran la captura de datos o la lectura de códigos QR.

La solución definitiva para erradicar las mañas y vicios en las casetas no es necesariamente eliminar al personal humano, sino quitarle la facultad de decidir quién entra y quién no basándose en criterios subjetivos. La tecnología de control de acceso digital actúa como el "cerebro" que valida las reglas del condominio de manera imparcial y constante.
Para que un sistema sea eficiente, debe basarse en pilares de identificación, autenticación y autorización. Dependiendo de las necesidades y el presupuesto de la comunidad, existen diversas tecnologías:
La implementación de un sistema moderno permite diferenciar flujos. Un error común es procesar a residentes, visitas y repartidores por el mismo carril, lo que satura cualquier caseta y fomenta que los guardias se salten protocolos para aliviar la congestión. Al automatizar el ingreso de residentes con TAG o biometría, el personal de vigilancia puede concentrarse exclusivamente en validar a los visitantes desconocidos, mejorando la eficacia real de la seguridad.
La tecnología física (barreras, lectores, cámaras) alcanza su máximo potencial cuando se integra con una plataforma de administración digital como ComunidadFeliz. Esta unión permite que la seguridad deje de ser un silo aislado y se convierta en una parte integral del orden administrativo y financiero del condominio.
Uno de los mayores desafíos en México es la falta de pago de las cuotas de mantenimiento, lo que directamente afecta la calidad de la seguridad que se puede contratar. ComunidadFeliz ofrece una solución innovadora: la vinculación del estatus de pago con el sistema de acceso. Si un residente olvida su cuota, el sistema puede desactivar automáticamente su TAG vehicular o código de acceso rápido, obligándolo a pasar a la caseta para identificarse. Esta medida no solo mejora la seguridad al garantizar que solo los miembros activos de la comunidad tengan privilegios de entrada rápida, sino que ha demostrado reducir la morosidad hasta en un 30%.
El módulo de conserjería de ComunidadFeliz transforma la caseta de un punto de conflicto a un centro de servicios eficiente. La bitácora digital registra automáticamente quién entró, a qué hora y con qué autorización, eliminando los libros de visitas físicos que son fáciles de manipular o perder. Además, el sistema permite:
Esta trazabilidad total es la herramienta más poderosa para erradicar los vicios. Cuando el guardia sabe que cada una de sus acciones queda registrada digitalmente y es visible para el administrador en tiempo real, el incentivo para aceptar "moches" o realizar favores indebidos desaparece.
Para asegurar que el cambio sea bien recibido por la comunidad y que la tecnología se utilice correctamente, se sugiere seguir estos pasos:
La seguridad residencial en México enfrenta una crisis que solo puede superarse mediante la profesionalización y la adopción de tecnología. Los vicios y mañas del personal de vigilancia son el síntoma de un modelo agotado que depende excesivamente de la discrecionalidad humana en un entorno de alta rotación y precariedad laboral. La transformación digital, liderada por sistemas de control de acceso y plataformas de gestión como ComunidadFeliz, ofrece una salida viable y rentable.
Al pasar de una bitácora física a un registro digital, de una llave clonable a un reconocimiento facial, y de un proceso manual a un protocolo automatizado, los condominios no solo blindan sus accesos, sino que reconstruyen el tejido social de su comunidad basado en la transparencia y la confianza. La seguridad deja de ser una sensación subjetiva para convertirse en una certeza documentada.
Para aquellos administradores y comités de vigilancia que deseen dar el primer paso hacia la erradicación de los vicios en sus casetas, es fundamental contar con información detallada y herramientas prácticas. Le invitamos a profundizar en este tema descargando el ebook exclusivo de ComunidadFeliz: Guardias de seguridad viciados: la guía para erradicar moches, atajos y favores, donde encontrará estrategias específicas y un plan de acción de 30 días para transformar la vigilancia de su condominio.

No permita que la improvisación ponga en riesgo lo más valioso de sus residentes; el futuro de la administración condominal es digital, transparente y, sobre todo, seguro.

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